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miércoles, 17 de abril de 2019

MIÉRCOLES SANTO EN LUQUE-CÓRDOBA. España.



MIÉRCOLES SANTO EN LUQUE-CÓRDOBA. España. 




INTRODUCCIÓN AL BLOG
Este Blog pretende dar a conocer dos lugares preciosos de Córdoba: Palma del Río y Luque. Entra y conoce palmo a palmo cada rincón de Luque y Palma del Río.

INTRODUCCIÓN A LUQUE






 Luque se sitúa en el suroeste de la provincia de Córdob y al nordeste de la Subbética y tiene un término municipal de 139,5 kilómetros cuadrados.
U b i c a d o  en  una estribación montañosa al noreste de la sierra de Luque en terreno áspero y a 664 metros sobre el nivel del mar.
           Se sitúa a los pies del Tajo del Algarrobo y su término está regado por el río Salado al Sur y el río Marbella que nace al Este en Luque. Al Este se encuentra la Laguna del Conde.
        La antigüedad de Luque queda atestiguada en los restos neolíticos en la Cueva del Toril. Existen vestigios romanos en el Cerro de la Almanzora y  el Salobral, así como recintos ibéricos en los Castillarejos.
         Sus orígenes se remontan a la época visigoda, en el emplazamiento (Lucus).
       En el 909 el cronista árabe Ibn Hayyan, cita Hisn Lukk o castillo de Luque al relatar su ocupación por el rebelde Ben Mastrana.
          En 1240 fue conquistado por Fernando III mediante capitulación.
         En el año 1374 Enrique II cedió la villa en señorío al alcalde mayor de Córdoba Egas Venegas, a cuya familia siguió vinculada en los siglos siguientes, que más tarde lo elevaría a condado.

MIÉRCOLES SANTO EN LUQUE-CÓRDOBA. España. 





            El Miércoles Santo va preparando el drama pasional de Cristo, y en este día contemplamos a éste en su humildad.
Hay que remontarse a finales del Siglo XVII para encontrar la fundación de la Hermandad del Señor de la Humildad, junto con una Dolorosa bajo la advocación de la Compasión. Como referencia histórica tenemos el año 1694, año en el que el Mayordomo de la Cofradía presenta las primeras cuentas al Obispado.
 En sus orígenes se veneró en el llamado Hospital de San Carlos, u Hospital de la Santa Caridad, que hubo en su día en la Calle Empedrada, actual Santa María. Y, a partir del 1730, su sede es la Ermita de la Aurora.,
Frente a esa imagen serena, doliente y silenciosa, sentado en una piedra, como un simple ajusticiado, se juzga al mundo y al propio hombre. Es Jesús burlado, negado por Pedro, traicionado por Judas, abandonado por los suyos. Es el rostro malherido y sufriente, que concentra los dolores del mundo.
Ciertamente la humildad es lo que transformará el mundo. San Agustín decía que "para llegar el conocimiento de las verdad hay muchos caminos: el primero es la humildad; el segundo es la humildad; el tercero es la humildad"...¡Si, cuando te encuentres a un hombre y a una mujer humildes, te sugiero que le mires detenidamente y te preguntes sinceramente qué es lo que lo hace diferente de otros muchos de tu entorno!
      Es la pregunta de Pilatos  a ese Jesús desfigurado y maltratado, burlado y apaleado, la que resuena en nuestras mentes y en nuestro interior: “¡Dime, Dime, ¿Quién eres tú? ¿Acaso tú eres Rey? ¿Eres el Rey de los judíos?”
            No es la corona la que brilla como un símbolo de poder ni de fuerza. ¡No! Es la huella de la burla, diversión de los soldados,  y el oprobio de un dolor y un desgarro.
           ¡Crucifícale, crucifícale!, así resuena el grito de la multitud y la respuesta intencionada de un pueblo en el juicio de Pilatos, y allí enmudecía Cristo en su coronación de espinas y en su humildad. En esta tribuna viene el triunfo del vencido en el correr de la historia.
        ¡Es la elección entre el ladrón y el justo, entre Barrabás y Jesús, entre la bondad y la maldad! ¡Es la elección que se nos pone en el camino con demasiada frecuencia y elegimos el mal! ¿Cuál elegimos nosotros? ¿Hacia dónde nos encaminamos?

 ¡Cuánta belleza en esta indumentaria que embellece la noche: guantes y zapatillas blancos con capa roja y cubre rostro negro!


                      Manando está su herida,
Las mieles de su amor,
A todos nos convida.
¡Qué bueno es el Señor!

Mi vida es la esperanza,
Mi amor está en la cruz,
Que yo mi confianza
La tengo en mi Jesús.

La prenda de mi vida,
La dicha de mi amor,
Guardado y escondido
Está en mi corazón.



 Su  Madre, Nuestra Señora de la Compasión,  le acompaña con su silencio. María sabe acompañar en silencio y con silencio. Frente al dolor del Hijo, María sabe “guardar en su corazón” el desgarro muy dentro. Quizá sea ella la que nos enseña que ante el sufrimiento ajeno no hay mejor actitud que compartir las lágrimas y ser “compasión” en el camino.  

          Seamos capaces en este año de la Misericordia de realizar las obras materiales de la Misericordia que atienden al prójimo en sus necesidades Medita: visitar y cuidar a los enfermos, dar de comer al hambriento, dar de beber al sediento, atender al que no tiene hogar, procurar ropa a los más necesitados, ayudar a los encarcelados y exiliados, y acompañar a quienes sufren la muerte de un ser querido.

          ¡Cómo le acompaña su Madre en su hondo penar pero con una virtud necesaria y precisa, la compasión, esa virtud que no se cansa de esperar aunque encuentre el cielo oscuro y en el corazón el dolor de Madre!

         ¡Cómo camina silenciosa con lágrimas en sus ojos la Madre de la Compasión con pañuelo en su mano, descubriendo que su Hijo sufre una agonía y un desaliento, acompañados de penitentes con guantes, zapatillas y calcetines blancos, cubre rostro y túnica granate, y capas con cinturón beige!



        ¡Cómo se acerca la Madre de la Compasión, dolida por sus hijos sufrientes, a todo aquel que necesita consuelo en sus horas más inciertas y momentos más duros!

            ¡Sí, María, Virgen de la Compasión, Madre de nuestro pueblo, tu dolor abarca el llanto de aquellos que sufren y padecen el hambre, y agonizan sin remedio!

 ¡Es María, la de la compasión,
esa que el dolor ahoga,
y es toda ella una rosa
que acoge muchas espinas!
 ¡Ay, María de la compasión,
Madre amorosa del Hijo,
Acoge nuestros dolores
Como acogiste los de tu Hijo!
 ¡Deja, María de la compasión,
una lágrima de tu rostro,
para fundirla con la mía,
la mía y la de los enfermos,
la de tus hermanos y tus hijos!

         Cuando todos huyen, San Juan Evangelista le acompaña con miedo pero muy cerca.
       En el juicio a Jesús como impostor y blasfemo, nadie está a la altura de las circunstancias.. Mientras todos abandonan y huyen, San Juan Evangelista, el discípulo amado, permanece fiel…   Y a nosotros se nos invita a confiar en Jesucristo y no “hacer mudanza”. 





                                             

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